Esta situación no tiene precedentes desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
La población francesa, que se sitúa actualmente en 69,1 millones de habitantes, experimenta un crecimiento natural negativo.
La migración neta ha sido el principal impulsor del crecimiento poblacional en los últimos años.
Francia entra en un punto de inflexión demográfico al registrar, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, un saldo natural negativo. La caída de los nacimientos, asociada a una fecundidad históricamente baja, provoca que haya más fallecimientos que nuevos nacimientos en todo el territorio. Las causas incluyen cambios sociales, laborales y vitales, así como el retraso en la maternidad y la paternidad. El fenómeno marca una ruptura clara con la tendencia de las últimas décadas.